Los 10 peores lugares para tener sexo:
1. La casa de tu abuelita
2. La recámera de los niños
3. La escuela
4. El baño de un avión
5. El coche
6. El cuarto de tus papás
7. La cama de tu ex
8. El escritorio de la oficina
9. Sobre la estufa
10. La banca del parque
Las peores frases para llevarte a la cama:
1. Ando bien horny
2. ¿Unamos nuestras ganas?
3. ¿Te la puedo meter?
4. ¿Fornicamos?
5. Vamos a echarnos un paliacate
6. Por qué si yo te amo y tú me amas, ¿no nos juntamos por dónde orinamos?
7. Te veo en Pino Suárez
8. ¡Presta!
9. ¿Me dejas abrir tu capullo?
10. ¡Házme tuya!
11. Caliéntame el bóiler
12. Súbeme a la palmera y bájame los cocos
Las 10 peores cosas que puedes hacer en la cama:
1. Echarte un gas
2. Apagar todas las luces
3. No quitarte toda la ropa
4. Ir directo al bulto
5. Morder, arañar o golpear sin el consetimiento del otro(a)
6. Jurar que nunca lo habías hecho antes
7. Llorar
8. Hablar de tu celulitis
9. Pedir perdón por el tamaño de tu pene
10. Rezar o persignarte antes del acto
Para los cuentahabientes, los peores lugares para tener sexo:
1. Alberca en el día
2. En una cama de exhibición en una tienda departamental
3. En la oficina
4. En un salón de clases
5. En una resbaladilla
Fuente: http://www.marthadebayle.com/index.php/sexualidad/2090-peores-lugares-sexo-frases-donts-cama
domingo, 13 de octubre de 2013
domingo, 22 de septiembre de 2013
Es fácil volverse adicto al sexo
La dependencia del sexo es un hecho cada vez más frecuente en nuestra sociedad. No es una moda, sino el reflejo de la facilidad con la que se tiene acceso a gran diversidad de contenido erótico, porque esta sociedad fabrica y vende deseos. Así acaba llegando la adicción al sexo.
El psicólogo Roberto Sanz, miembro del Colegio de Psicólogos de Madrid, recuerda que una adicción "es la pérdida de control o la incapacidad que tiene una persona para frenarse de hacer algo. A la larga, ese algo le trae consecuencias negativas".
Hablando de sexo, el especialista asegura que es muy fácil volverse adicto, pues representa placer y genera una reducción importante de la ansiedad, la cual puede ser reflejo de una educación sexual enfocada hacia lo negativo.
"Mucha gente crece con una inadecuada educación sexual y cuando se inicia en el sexo, mezcla su ansiedad con el tabú", explica.
A eso se le suma que la publicidad y los medios de comunicación utilizan la sensualidad como gancho para atraer audiencia y que, gracias al Internet, se tiene acceso inmediato a la pornografía: "La sociedad en la que vivimos fabrica muchos deseos con la publicidad o los medios de comunicación. La gente se ve rodeada de estímulos".
Por otra parte, la necesidad de afecto también es motivo para que las personas busquen confort en el sexo, como señala el psicoterapeuta, Fernando Botana, director del centro contra las adicciones Sinadic: "El sexo es un contacto que, por sus signos placenteros, se puede confundir con lo afectivo. La persona encuentra eso que no encuentra en la vida ordinaria".
La adicción sexual se da principalmente en hombres y puede ir desde realizar llamadas a líneas eróticas constantemente en un día, hasta a buscar una prostituta cada media hora, situaciones que afectan la vida cotidiana del adicto gradualmente, informa 20minutos.es.
En principio, la persona lo consigue mezclar con su rutina, sin embargo, mientras más se adentra al vicio, más difícil le será realizar un balance.
"Ver porno o masturbarse son actividades que en principio, se pueden hacer en 15 o 20 minutos. La persona sigue con su vida absolutamente normal, hasta que empieza a desaparecer cada vez más seguido para hacer sus cosas y entonces su vida se ve afectada", comenta el psicólogo, Roberto Sanz.
Las hormonas femeninas son las otras culpables de la 'menopausia' masculina
La testosterona no es la única culpable de la falta de deseo sexual que algunos hombres muestran con la edad. Esta especie de 'menopausia masculina' reduce su libido, incrementa la grasa corporal e incluso puede provocar disfunciones sexuales. En la jerga médica, es lo que se conoce como hipogonadismo, un trastorno que los expertos acusaban a la merma de testosterona. Sin embargo, una investigación que acaba de publicar la revista 'The New England Journal of Medicine' arroja novedades. Al parecer, los estrógenos también tienen voz en el desarrollo de esta enfermedad.
Aunque la principal hormona sexual del hombre es la testosterona, "también tenemos una pequeña cantidad de estrógenos circulando por el organismo (la testosterona se transforma en estrógenos por la acción de una enzima denominada aromatasa)", argumenta Jorge Vallejo, médico adjunto del servicio de Urología del Hospital Ramón y Cajal de Madrid. Hasta la fecha, explica, "no se pensaba que pudieran tener una acción fisiológica importante en el hombre", pero en vista de los resultados que se desprenden de la nueva investigación, realizada por el Massachusetts General Hospital (MGH), los conceptos podrían cambiar.
Un grupo de científicos liderado por Joel Finkelstein puso en marcha un estudio con 198 hombres sanos entre 20 y 50 años. "Queríamos comprobar a partir de qué niveles de testosterona empiezan a producirse los síntomas que se atribuyen a la andropausia y si realmente se deben al déficit de esta hormona, a los estrógenos o a ambas".
La andropausia, explica Javier de la Peña, jefe de Servicio de Urología del Hospital La Paz de Madrid, "es un fenómeno como la menopausia, con una serie de síntomas ligados a la edad: el músculo pierde volumen y fuerza, aumenta la grasa corporal, se cae el vello del cuerpo (no de la cabeza), pueden aparecer estrías, osteoporosis, declina el deseo sexual y puede causar disfunción eréctil".
A día de hoy, el diagnóstico de este trastorno se realiza a través de un análisis de sangre, poniendo el punto de mira sólo en los niveles de testosterona. Sin embargo, y teniendo en cuenta que una pequeña porción de esta hormona se convierte en estrógeno, "cuanto más alto sea el nivel de testosterona, más se convierte en estrógeno". Y viceversa, "cualquier disminución de testosterona se traduce en menos cantidad de estrógeno", señalan los autores del trabajo.
"Hay muchas hormonas implicadas en este trastorno masculino, pero, como dicen las guías clínicas de la Asociación Europea de Urología, como no se saben cuáles son ni cuáles son sus valores normales, de momento, es la testosterona la que nos indica quién tiene andropausia", expone Eduardo García Cruz, urólogo del Hospital Clínic de Barcelona.
Menos estrógenos
Para analizar la relevancia de ambas hormonas (testosterona y estrógenos), Finkelstein y su equipo dividieron a los 198 participantes en dos grupos. Primero, todos ellos fueron tratados con un medicamento que suprime la producción normal de todas las hormonas reproductivas. Después, uno de los grupos recibieron dosis diarias de un gel de testosterona (una de las formas de administración de terapia sustitutiva de testosterona) durante 16 semanas. El resto obtuvo las mismas dosis de esta hormona además de un inhibidor de aromatasa, con el objetivo de suprimir la reconversión de testosterona en estrógenos.
A todos los participantes se les realizó un análisis de sangre y se registraron sus medidas (antes y después del experimento) de la grasa corporal, el volumen y la fuerza muscular. También completaron un cuestionario sobre su vitalidad, su el estado general de su salud y su deseo sexual.
En el primer grupo, la acumulación de grasa se observa cuando los niveles de testosterona empienzan a caer. La disminución de la masa y la fuerza muscular no se aprecian hasta que la cantidad de esta hormona eran significativamente bajos. En cuanto al deseo sexual, va disminuyendo progresivamente con la reducción de testosterona y la disfunción eréctil no ocurre hasta que los niveles son muy bajos.
En el segundo grupo, los resultados en cuanto a la grasa corporal y el tono muscular no sufrieron variaciones, es decir, la supresión de la síntesis de estrógenos no tuvo efecto significativo añadido al de la reducción de testosterona. Sí lo tuvo en lo referente a la función sexual.Cuando la síntesis de estrógenos se suprimía el deseo sexual se resentía notablemente.
Aún por ratificar
De confirmarse el papel de los estrógenos, concluyen los autores de la investigación, significaría que para diagnosticar el hipogonadismo masculino (andropausia) "no sólo habría que analizar los niveles de testosterona en sangre, como se hace hasta la fecha. Además, habría que valorar la cantidad de estrógenos".
En la práctica clínica, el problema a la hora de diagnosticar andropausia es que "muchos de sus síntomas se asumen como normales al hecho de envejecer", apunta García Cruz. El síntoma que más nos guía, por el que vienen a consultarnos, es la disfunción eréctil".
"La falta de interés sexual nos pone en alerta", añade el doctor Vallejo. "Es ahí cuando pedimos la determinación de testosterona". En función de los resultados, los síntomas y de cada paciente, "indicamos una terapia sustitutiva de testosterona". Los beneficios, coinciden los expertos, "están bastante demostrados". Si futuras investigaciones ratifican el trabajo de Massachusset, "el abordaje, quizás podría cambiar".
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